29 agosto, 2005

Jornada undécima


En que se trata de la boda de un gitano apodado el Cáncamo e de cómo acabaron todos separados

ino en mis días de ausencia un adinerado y conocido gitano de la familia de los Menacho y Heredia a pedir a don Juan oficiase la boda de su hijo, al que apodaban el Cáncamo por ser este hombre corcovado, que habría de celebrarse con un tanto de prisa y otro tanto de secreto, por haber quedado su joven novia encinta antes de lo previsto. E siendo su Ilustrísima de tradición estricta y de cumplimiento severo de sus normas, negóse a oficiar tal clase de casorio mas no rechazó la invitación al mismo. “Hay gente – dijo como si hablase solo y en alta voz – que quiere la teta y la sopa y al mismo tiempo e así no ha de ser, pues si se es atinado para ciertas cosas sin que los demás de ello enteren, atinado se debe ser para ocultar también otras situaciones embarazosas; y si es menester celebrar unas nupcias por el qué dirán, no caen en que dirán que lo hicieron por ocultallo. Y estas razones no entiendo, pues quieren que la Santa Madre Iglesia cambie sus normas en su propio provecho cuando somos todos los que tenemos que cambiar las nuestras, en lo tocante a la Iglesia, por nuestro propio provecho y por nuestra salvación. Mas aquellos que no cumplen con sus deberes de cristianos son los que vienen a pedirme que yo no los cumpla para quedar ellos libre de mancilla”.

Entendí sus sabias palabras, mas cuando las hube razonado, dime cuenta de que cosa parecida había hecho yo en mi larga vida e que fuíme a confesallo con otro padre cura bien lejano por que no se conociesen e se lo refiriese.

Y fue la boda concurrida y corta, e no hubo una misa ni su comunión, y al ágape asistieron todos ellos y fue bien largo, por ser tal la costumbre gitana de hacer durar los banquetes varios días. Mas hoy mismo de mañana, hoy, han venido todos llorando a pedir auxilio al padre Juan, pues en celebraciones tan largas mucho se come y mucho más se bebe, e los hombres bebidos dejamos la cabeza y las razones a un lado e así ficieron éstos, que al segundo día de jolgorio, sacaron navajas e tomaron en sus manos cualquier cosa como arma y con el novio se ensañaron por haberse sabido que a otras tres mujeres dejó en buen estado, mas sólo este suegro obligóle al desposorio.

Oficióse pues una boda y tras ésta un funeral, e tres mujeres quedaron para ser madres solteras e otra más viuda e cada una de las familias ha decidido mudar de domicilio por no volver a verse e porque de ellos no se hable. Así que por unas jodiendas, salió el corcovado jodido y el resto dellos jorobados. Y luego hablarán las malas lenguas.

En Ronda y a veintinueve de agosto del año de dos mil e cinco.

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