23 agosto, 2005

Jornada octava

En que se trata del Convento de Santo Domingo o lo que de él queda

omo no han de ser todos estos días para tratar los asuntos principales que aquí trajéronme sino también para solaz e holganza y conocimiento desta ciudad, fuimos a visitar la casa que se observa colgada de las paredes del Tajo al cruzar el puente hacia la parte más vieja y a la mano izquierda. Y era esta casa el Convento de Santo Domingo, que después de estar en obras de restauración más tiempo que el que tardó en construirse, convirtióse en museo al llegar el nuevo corregidor.

Vinieron los dineros del Gobierno de Andalucía como contados por no interesarle, tal vez, el ver este caserón nunca terminado e por ser las gentes de estos pueblos de la Serranía poco interesadas en las cosas que les tocan, pues en otros lugares de la mesma España, hubiéranse puesto gritos en el cielo de ver el mal trato dispensado a estas paredes e como se ponía un ladrillo este año para esperar el secado hasta el siguiente y siendo así eternas aquestas obras. E de esta guisa, han durado más de veinte años y no es el resultado el que debiera ser.

Según cuentan los cronistas, fue ya desde el principio este convento lugar desgraciado, pues tuvieron sus fundadores grandes pleitos con el mismísimo obispo de Soria por ser su fundador el soriano don Juan de Torres y querer éstos ser enterrados ambos en su Capilla Real. Y pasando los años, fue sede del Tribunal de la Inquisición, luego mercado, luego cooperativa de carpinteros para fabricar los famosos muebles rondeños y finalmente casa de vecinos hasta su ruina. E así ha llegado hoy a ser museo donde ya se ha visto una exposición del que llaman artista, el fenescido don Eduardo Chillida, que he de ser yo poco dado a las artes por parecerme que las obras desde hombre son más para dar chillidos que para dar gusto a la vista.

Y es el caso que aquellos primeros pleitos doctos no sirvieron para nada, pues al fondo del Tajo fueron a parar los huesos de los allí enterrados, mas al menos no es ya hoy nido de ratas como fuese un tiempo, aunque a decir verdad, soy más dado a los bonitos rotos que a los feos remiendos, mas por no sumar a la “peste” del Tajo otras pestes, bien está la casa como hase terminado e que muchos años así reste y sin dar más complicaciones.

En Ronda y a veintitrés de agosto del año de dos mil e cinco.

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