28 agosto, 2005

Jornada décima

En que se trata de cómo cuatro jornadas se convirtieron en una por un viaje a Grazalema y la suerte que me hizo un tal cura llamado Josu

levóme el destino a la villa de Grazalema por ver si hubiese en él algún registro donde figurase pariente alguno e ir atando hilos, mas como las cosas no han de ser como uno las piensa sino como se las piensan a uno, convirtióse una sola jornada en cuatro.

Avisóme don Juan de tomar ciertas precauciones con el tal cura párroco de
Grazalema por ser éste el reverendo vasco Josu Nuestos Zuelo, de cual nombre no podía hacer memoria ni con gran esfuerzo y que ahora ni con forzarme borrarlo puedo de la memoria. Fue este tal Josu conflicto desde un principio pues decíase de él que en alguna ocasión diera asilo a ciertos maleantes y asesinos vascos de los de la conocida como banda de la ETA y que fuere allí destinado por apartarle de caer en tales tentaciones. Mas como las gentes de aquesta villa son tan sencillas como yo mesmo lo soy, tomaron como preocupación su nombre, pues no era apuntado andar todo el día diciendo “padre Nuestos” ni llamarle “padre Zuelo”, por lo cual llamábanle padre José e aquesto mesmo fice.

E preguntado por los registros que a la sazón tiene la Iglesia para bautismos, dióse la cosa en salir a la luz cómo fueron éstos quemados durante la Guerra Civil e no hubo otra cosa el tal cura que andar a voces gritando ciertas consignas prohibidas en vascuence teniéndome a su lado. E así presentóse la Benemérita e hube menester tres días para aclarar mi identidad en el cuartelillo. E cómo es verdad que un hábito no hace un monje.

En Ronda y a veintiocho de agosto del año de dos mil e cinco.

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